Thursday, December 15, 2005

Barrio Cuba: la responsabilidad madura de Humberto Solás

La Habana, 13 dic.- Barrio Cuba, la más reciente película del legendario realizador cubano Humberto Solás, arrancó lágrimas, aplausos del publico y unánime atracción de crítica en su sonado estreno habanero.

La cinta expresa "una constante" en la mayoritaria y altruista filmografía que se ha presentado a concurso en esta edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano: la preocupación o más bien la responsabilidad de los realizadores por la suerte de su país.

Así aconteció con el Bruno Torres de El último rayo de sol; el Roman Chalbaud de El Caracazo; el chileno Victor Gómez de, Miguel, la humanidad de un mito, o la adaptación cinematográfica del libro de Jorge Franco, Rosario Tijeras.

La caída del campo socialista y la Unión Soviética en el período 1989-1991 entristeció en Cuba a un cineasta llamado Humberto Solás.

Como hombre inteligente, tenía todo el arsenal de conocimientos para calibrar el impacto que esa debacle tendría en la situación económica y de bienestar de sus compatriotas.

Al no disponer de otro "recurso del método" para ayudar a paliar la situación, acrecentada por el recrudecimiento del bloqueo de más de 40 años de Estados Unidos a Cuba, Humberto se dedicó a escribir desde esa fecha todo lo que veía, comprobaba, escuchaba y sentía.

Si un hombre puede compararse con un sismógrafo, ese fue Solás en aquellas circunstancias dramáticas.

El mismo introdujo reformas en su vida de artista y ser humano: si antes, en el orden personal, gastaba más, ahora lo hacía menos, y si durante un largo tiempo abogó por un cine de gran factura, ahora promulgó y lideró lo que dió en llamar "cine pobre". Fue su "venganza" contra las carencias materiales.

El reportero de Prensa Latina, su compañero en las aulas universitarias junto al editor Nelson Rodríguez (Memorias del subdesarrollo, Lucía) lo encontró feliz hace dos años en el I Festival del Cine Pobre que encabezó en la oriental ciudad cubana de Gibara.

Estaba eufórico, con muchas ganas de hacer cosas, entusiasmado con la técnica digital y el cine de bajos recursos; se hizo rodear de veteranos directores, operadores y actores amigos, como un jefe que planifica una batalla...artística.

Entonces llegó Barrio Cuba, magnífico fresco de su patria en estos tiempos en los cuales se recrudece el cerco imperialista con la ley Helms-Burton y las nuevas medidas del presidente George W. Bush que dividen a la familia cubana y tratan de ahogar por hambre a la Revolución.

Barrio Cuba llegó en un momento adecuado, cuando en América Latina estallan movimientos indígenas en México, Ecuador y Perú, en Venezuela se produce la Revolución Bolivariana liderada por Hugo Chávez y en Argentina la protesta de Néstor Kirchner al FMI.

Humberto Solás fue combatiente de la lucha clandestina contra la tiranía de Fulgencio Batista, y esa responsabilidad nunca lo ha abandonado hasta hoy.

-¿Qué piensa de esa etapa suya Humberto Solás, cuando era una especie de niño mimado del cine cubano, a esta otra de Barrio Cuba?.

-Antes me decían "discípulo de Visconti", "el príncipe", cosas así. Empiezo ahora a no deberle nada a nadie. Barrio Cuba la hice sin ningún referente. El tema lo sugería todo.

Esta cinta me sorprende en una etapa en la que estaba decepcionado con el cine después del fin de la guerra fría, cuando se generaron dos proyectos cinematográficos: el capitalista y el socialista.

Caí en cuenta de que un precepto de la nouvelle vague, el de "cierta irreflexión formal" estaba sobre el tapete.

-¿Cómo pudo dar un giro tan enorme a su anterior manera de hacer cine.
-Fui un cineasta privilegiado que trabajó con muchos recursos -y eso que soy cubano y tercermundista- y después de la caída del campo socialista me pasé 10 años sin hacer cine, como otros realizadores de mi generación.

Mayoritariamente los años 90 se corresponideron con obras de gente más joven.

Con Miel para Ochún descubrí el cine pobre y me agradó la idea de dar batalla desde esa circunstancia. Inicié el Festival de Cine Pobre en Gibara, que va por su segunda edición y se dieron otros pasos.

-¿Qué le reportó Barrio Cuba?.

-Tenía el proyecto y llamé a destacados intérpretes -creo que jamás se reunieron tantos de importancia en una cinta cubana- y a operadores.

No pidieron un centavo, trabajaron por amor al cine y por amistad. Eso me llenó de alegría porque se trataba de mi película más personal y parece que se dieron cuenta. Tomé el asunto con placer, algo similar al cumplimiento de un deber.

-¿Algún tropiezo?.

-Con el cuento que titulé Adela, protagonizado por Aurora Basnuevo, una excelente actriz cubana a quien le debemos mucho por la forma en que nos ha hecho reír durante tantos años.

Ese relato se salía del engranaje de las otras historias, quizás por ser el más dramático, el más trágico, pues tenía que ver con la muerte y la pérdida de la lucidez.

-Por primera vez trabajó con niños...

-Si. Eso representó una dificultad porque no encajaba en mis experiencias pero me asesoré. Considero que la película tiene una gran unicidad en la actuación.

-¿Le queda algo por decir...?

-Miel para Ochún y Barrio Cuba forman parte de una trilogía dedicada al pueblo cubano. Queda la tercera parte. (PL).

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